jueves, 9 de agosto de 2012
sábado, 23 de junio de 2012
email para Lorenzo.
Me preguntas que cómo se prepara uno para la muerte. Preguntando, acaso. Puede que, mientras exista esa pregunta formulada como un "horror objetivado", como dices, esté todo bien. Aunque esté todo mal. Desplegar un horror objetivado es lo que has hecho toda tu vida. Desplegar el horror de adentro. La palabra horror parece gris. Me gustó lo que te dijo Arcos en su carta: esa imagen suya caminando con los perros hacia la noche, hacia la nada oscura de un pueblo antiguo, olvidado de España. Me recordó a mi noche (mis noches que ahora son solo una noche larga, estirada) en el campo en donde crecí, con esos perros siempre ladrando a lo lejos. Perros que uno no veía, pero que estaban, en fiesta de aullidos y desquiciados ladridos. Yo extraño esos perros. Sus ladridos eran tranquilizares, aunque ahora, visto desde lejos, el recuerdo los deforma para darle paso a un miedo que quizá siempre estuvo ahí, pero que yo no podía ver. La última conversación importante que tuve con mi madre fue dentro de la noche, paseando a las dos perras que le hacen compañía. Recuerdo la noche en su pico más negro. La noche cuando ha llegado a ese punto en el que se esconde dentro de otra noche, esa otra noche que es invisible para nosotros. Las dos sabíamos que estábamos metidas dentro de la noche. He descubierto que cada vez que mi madre celebra un paisaje, se trata de esos paisajes que a aveces resultan demasiado pesados para los extranjeros, y yo allí sé que soy extranjera, y también sé que la noche no puede cerrarse de la misma manera sobre mi cabeza. Mi madre, ¿lo sabe? ¿Es eso el exilio Lorenzo? Hubo luna y hubo estrellas. No sé por qué pensé en Lorca, pero recuerdo haber pensado en Lorca. No recuerdo nada de la conversación con mi madre.
Sigo esperando tus sueños.
Un abrazo,
Margarita
Sigo esperando tus sueños.
Un abrazo,
Margarita
viernes, 22 de junio de 2012
la rutina de casi todas las mañanas: picos violentos, alarido hinchado de viento meciendo los silencios de los árboles. el ladrido de un perro desorganiza el gran viaje del cuarto a la cocina. a veces lo espectral se hunde en la superficie de las cosas y entonces todo es más real. lo que no se ve aparece recortado delicadamente, cuidadosamente, debajo de mi falda. estoy pensando en ella. en sus ojos que se rompen, en su voz de piel de arruga.
el hombre se fue, pero antes dejó papeles, dejó palabras, dejó notas debajo de las notas, dejó márgenes, esquinas, gatos asustados, dejó frases incompletas, dejó líneas peligrosas.
ermitaño es el tiempo y todos vivimos en él. amargo es el tiempo y todos bebemos de él. la risa se seca detrás de una pared. el llanto atraviesa el reguero de cosas invisibles que se agarran de la piel, que hacen mella en el verbo, en el cansancio, en el querer.
el hombre se fue, pero antes dejó papeles, dejó palabras, dejó notas debajo de las notas, dejó márgenes, esquinas, gatos asustados, dejó frases incompletas, dejó líneas peligrosas.
ermitaño es el tiempo y todos vivimos en él. amargo es el tiempo y todos bebemos de él. la risa se seca detrás de una pared. el llanto atraviesa el reguero de cosas invisibles que se agarran de la piel, que hacen mella en el verbo, en el cansancio, en el querer.
miércoles, 20 de junio de 2012
Puede que todo este aburrimiento sea la anticipación de algo brutal. Como de una palabra. De una frase súbita que me arranque de los días. Una frase que me devuelva, ¿intacta?, a la zona invisible de un paisaje. Para decir cosas que no son. Para decirte todo lo que no es. Para encogerme de hombros mientras veo a las chicas pasar, mientras las veo subir, bajar, decir adiós con un gesto natural.
camuflaje
el desorden y la mesa. los papeles y las notas al margen de los papeles, las flores amarillas contra lo blanco forzando un contraste necesario. hoy vi a un soldado vestido de soldado: hojas, camuflaje de hojas, de ramitas, de piedras. un soldado doblado como un arco, un soldado como una pregunta, buscando el punto exacto desde donde retratar una flor que se alzaba en medio de una nada improvisada. todo en él se parecía a la bondad. su sonrisa de niño, sus manos grandes apuntando a lo bello que se alzaba como un fuego.
hoy, al ver a un soldado vestido de hojas, piedras, y ramas, buscando con extraño esmero un punto amarillo en medio de la pretendida nada, sentí que todo era mentira. sentí que el odio no existía, que tu camino me encontraría, que la llamada aquella nunca fue, que ningún niño se moría. no sé. sentí tu voz como lo único que hubo un día cuando tuve sed.
hay amores que duelen en la piel. hay otros que duelen más.
pero ¿qué habrá visto aquel soldado vestido de soldado? ¿qué dolor de pétalo indagó una mañana, frente al espejo de lo amarillo que a todos nos castiga?
el ruido de un avión que despega nos sume en la sordera esa en donde sólo cabe una fotografía. una idea leve, un querer a medias. la voz que un día fue tu voz, rematada en el vacío de la frase que no está. la frase que se esconde debajo de un ruido de avión.
cuando despega el vuelo la razón, queda poco, queda tanto por borrar.
hoy, al ver a un soldado vestido de hojas, piedras, y ramas, buscando con extraño esmero un punto amarillo en medio de la pretendida nada, sentí que todo era mentira. sentí que el odio no existía, que tu camino me encontraría, que la llamada aquella nunca fue, que ningún niño se moría. no sé. sentí tu voz como lo único que hubo un día cuando tuve sed.
hay amores que duelen en la piel. hay otros que duelen más.
pero ¿qué habrá visto aquel soldado vestido de soldado? ¿qué dolor de pétalo indagó una mañana, frente al espejo de lo amarillo que a todos nos castiga?
el ruido de un avión que despega nos sume en la sordera esa en donde sólo cabe una fotografía. una idea leve, un querer a medias. la voz que un día fue tu voz, rematada en el vacío de la frase que no está. la frase que se esconde debajo de un ruido de avión.
cuando despega el vuelo la razón, queda poco, queda tanto por borrar.
partir el pan
las palabras caen sobre la ensalada. sus manos, las manos de ella, lloran sobre el pan. su risa sigue siendo igual. hay cosas que no cambian y sin embargo. el aire se tensa. el humo vuelve a llenarme toda. a veces la alegría pasa cuando el día se pone triste. cuando las hojas tiemblan y su risa, la misma risa, se suspende en otro tiempo. y vuelve todo aquello. el viento, la frente como vacía, el error aquél, la puerta cerrándose sobre tu rostro infiel. uno no sabe en dónde meterse hasta que escampen las voces, las miradas, el escándalo, la ternura arrebatada, el incendio en sus pupilas, el insomnio compartido, la tos y el miedo de la noche agarrándote los pies.
la pregunta sobre la eternidad se ha quedado sin contestar. parece que nos duele en los oídos. parece que duele no querer pensar.
nada ha cambiado y sin embargo. el hambre que sentiste un día regresa intacto. y tus manos, tus dos manos, sembrando pedacitos de muerte, sembrando el dolor sobre la ensalada que me preparas con tanto amor.
hay, siempre, que partir el pan, mientras nos miramos, llenos de silencio, llenos de bondad.
nada ha cambiado y sin embargo. el hambre que sentiste un día regresa intacto. y tus manos, tus dos manos, sembrando pedacitos de muerte, sembrando el dolor sobre la ensalada que me preparas con tanto amor.
hay, siempre, que partir el pan, mientras nos miramos, llenos de silencio, llenos de bondad.
como, bebo, duermo. todos los días se parecen. y sin embargo.
martes, 5 de junio de 2012
A Lorenzo García Vega, in memorioum
"Ese ángel/ ése que niega el limbo de su fotografía/ y hace pájaro muerto/ su mano/ Ese ángel que teme que le pidan las alas/ que le besen el pico/ seriamente/ sin contrato/ Si es del cielo y tan tonto/ ¿por qué en la tierra? Dime/ Decidme/ No en las calles, en todo/ indiferente, necio/ me lo encuentro/ ¡El ángel tonto!/ ¡Si será de la tierra!/ -Sí, de la tierra sólo."
Rafael Alberti, El ángel tonto
“Lorenzo al agua”, te gritan ellas
tendiéndote una trampa,
Ya todo está listo para la cajita:
Rafael Alberti, El ángel tonto
![]() |
| Foto de Pedro Portal |
¿Puede alguien
a esta hora
a esta hora
escuchar el llanto seco
de un papagayo
de un papagayo
de plástico?
¿Habrá alguien
que entienda
¿Habrá alguien
que entienda
la tierna violencia
de su canto cerrado,
de su canto cerrado,
de su vuelo prohibido,
de su aleteo inútil?
Fiesta de colores,
danza de la muerte
que se hiela, que se guarda
de su aleteo inútil?
Fiesta de colores,
danza de la muerte
que se hiela, que se guarda
como una vergüenza, o
como una culpa
como una culpa
en el rincón más remoto
de la casa.
de la casa.
Pero dime, decidme, ¿habrá
alguien que se atreva
a ignorar el gimoteo
de un carrito de supermercado?
¿Habrá quien pueda
alguien que se atreva
a ignorar el gimoteo
de un carrito de supermercado?
¿Habrá quien pueda
no amar su angustia de metal
echada a rodar?
echada a rodar?
¿Quién desarmará ahora la mañana?
¿Quién dirá que No
cuando todos digan Sí?
¿Quién perderá el sueño
para poder soñar?
¿Quién, digo, quién interrumpirá la noche
para dar fe de todo lo que ya no cree?
¿Quién dirá que No
cuando todos digan Sí?
¿Quién perderá el sueño
para poder soñar?
¿Quién, digo, quién interrumpirá la noche
para dar fe de todo lo que ya no cree?
¿Quién consolará al dolor
de su dolor? ¿Quién morirá
de muerte lenta y natural
de su dolor? ¿Quién morirá
de muerte lenta y natural
por lo bello que se esconde
de nosotros, en nosotros?
de nosotros, en nosotros?
El color, ¿de quién se enamorará?
¿Con quién se desahogará el refrigerador?
¿Qué será de todas estas cosas
que se han quedado huérfanas,
enfermas de realidad,
¿Con quién se desahogará el refrigerador?
¿Qué será de todas estas cosas
que se han quedado huérfanas,
enfermas de realidad,
adictas al sin sentido de tu idea,
a la frágil muerte que inventaste
para que vivieran?
a la frágil muerte que inventaste
para que vivieran?
“Lorenzo al agua”, te gritan ellas
tendiéndote una trampa,
fingiendo plagios y bautismos
a deshoras,
agarradas de tu palabra:
cristal que se desdobla,
a deshoras,
agarradas de tu palabra:
cristal que se desdobla,
espada que regresa para sanar
una herida que no existe,
una herida que no existe,
una herida que se hereda
como un regalo maldito, o
como una deuda
provisoria.
como una deuda
provisoria.
Ya todo está listo para la cajita:
1. El papagayo y su fe de hierro (plastificada)
2. La estatua del ángel que tanto quisiste ver
sembrada en tu patio, orinando sin piedad
la noche en la que ya no te acuestas
la noche en la que ya no te acuestas
3. La locomotora cargada de tesoros sucios
4. El cristal rosado por donde un día
miraste la ciudad
5. El año: 1936
miraste la ciudad
5. El año: 1936
6. Una frase y un Maestro
7. El rostro de papel de una niña de cristal,
atrapada para siempre al otro lado del mar;
7. El rostro de papel de una niña de cristal,
atrapada para siempre al otro lado del mar;
8. La tierra fea y colorada de tu Jagüey Pequeño;
9. La colchoneta que un día fijó su vista en ti
10. Su risa, la risa de ella, obstinadamente joven,
sustento de tu pobre, riquísima existencia.
sustento de tu pobre, riquísima existencia.
El mediodía se fatiga
juntando tus pedazos. Buscando
con los ojos cerrados
un consuelo extraño.
Tú
que anotaste hasta la fiebre
con los ojos cerrados
un consuelo extraño.
Tú
que anotaste hasta la fiebre
del aire que respiras,
dime,
¿cómo te borrarás
de todas estas cosas?
¿cómo te borrarás
de todas estas cosas?
Dime, logar8, tú que siempre fuiste
tan torpe para la vida,
¿cómo sobrevivirás ahora?
tan torpe para la vida,
¿cómo sobrevivirás ahora?
lunes, 14 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
la luna dando alaridos
celestes
rebotando plata sobre hierba
mojada
la noche afilada de luz
ceniza de centella
arde como el siglo
que se inmola
debajo de mi pecho
promesa de un futuro
austero
vientre estremecido
por la nada iluminada
en la Nada
melodía frágil
dibujando lo invisible
que se ancla
en la piel de tu mirada.
debajo de mi pecho
promesa de un futuro
austero
vientre estremecido
por la nada iluminada
en la Nada
melodía frágil
dibujando lo invisible
que se ancla
en la piel de tu mirada.
jueves, 3 de mayo de 2012
Lo que
¿Qué es lo que buscas
cuando
detenido por un viento
quedas
estremecido
por el disparate de un pájaro?
Rescatas, claridad de medio día,
las cosas que se quedaron
olvidadas
a medio camino
sin camino.
Las cosas, tus cosas, se llenan de ese olvido
que presientes
araña la raíz
de lo que
siempre ha estado
como
perdido.
Tus cosas guardadas dentro de otras cosas.
Tus cosas, en silencio, bajando la cabeza.
Y tú sientes
(¿Lo sientes?)
que todo te perdona
que todo te lastima en clave de caricia
que todo te persigue
sonámbulo.
Íntegra sombra de tu sombra
despierta
en medio de la noche
temblorosa.
Pides silencio y renuncias
a la idea, a la sola idea,
de una palabra
sola
que redima
que destruya
la eternidad de tu ceniza
la primavera de tu escarcha.
Dime, ¿qué se calla cuando hablas
tan tímidamente
tan escasamente
de lo que se ha ido
de lo que
pasa
como
si no
(como un sino)
pasara nada?
Queda lo que queda.
La Nada en la que te
desorbitas. Eso queda.
Lo desenterrado para siempre.
Queda. El viento que se le escapó a la resta.
La espada y la pared, quedan.
La cifra, para ser exactos.
Queda.
cuando
detenido por un viento
quedas
estremecido
por el disparate de un pájaro?
Rescatas, claridad de medio día,
las cosas que se quedaron
olvidadas
a medio camino
sin camino.
Las cosas, tus cosas, se llenan de ese olvido
que presientes
araña la raíz
de lo que
siempre ha estado
como
perdido.
Tus cosas guardadas dentro de otras cosas.
Tus cosas, en silencio, bajando la cabeza.
Y tú sientes
(¿Lo sientes?)
que todo te perdona
que todo te lastima en clave de caricia
que todo te persigue
sonámbulo.
Íntegra sombra de tu sombra
despierta
en medio de la noche
temblorosa.
Pides silencio y renuncias
a la idea, a la sola idea,
de una palabra
sola
que redima
que destruya
la eternidad de tu ceniza
la primavera de tu escarcha.
Dime, ¿qué se calla cuando hablas
tan tímidamente
tan escasamente
de lo que se ha ido
de lo que
pasa
como
si no
(como un sino)
pasara nada?
Queda lo que queda.
La Nada en la que te
desorbitas. Eso queda.
Lo desenterrado para siempre.
Queda. El viento que se le escapó a la resta.
La espada y la pared, quedan.
La cifra, para ser exactos.
Queda.
Bosquejo del llover
El bosque. Decir el bosque. Hacer
bailar los árboles. Proponer una música. Tallar la brisa. Ver un
paisaje. Ver llover. Sin lluvia, pero con llover. Con ese llover que
siempre ocurre cuando lenta, suave, tan hecha de minúsculos trozos
de un aire que no pesa, me digo que veo llover. Me lo repito, junto a
la ventana, que va a llover. Que voy a ver llover. Avanzar la idea de
la lluvia antes de que. El aguacero siembre todas sus dudas. Lloverse sobre el llover.
Ver llover. Decir que veo llover.
Hasta que llueva.
Hasta que lluvia.
Hasta que.
Hasta.
Hasta que lluvia.
Hasta que.
Hasta.
domingo, 18 de marzo de 2012
Líneas
La música y el brillo
¿Me visitan unas líneas?
Escribo.
Abiertos por la noche
Tus pasos tarareando
Remolinos de colores
El alcohol
Me quema la garganta
Un improbable desierto
Me quema la garganta
Un improbable desierto
Me despierta por la noche
"Basta a cada día su propio mal"
Bajo las escaleras
"Basta a cada día su propio mal"
Bajo las escaleras
Las manos apuradas
Buscando un cigarrillo
Y yo que nunca fumo
Me agarro de eso
Veo los árboles: fracaso vertical
Me compadezco de las ramas
Caídas en el piso
Ángeles dibujados
A fuerza de ceniza
Sombra de lápiz
Vértigo
Caídas en el piso
Ángeles dibujados
A fuerza de ceniza
Sombra de lápiz
Vértigo
El humo me pica los ojos
Sostener el cigarrillo
Sostener la fiebre
Sostener la fiebre
Sostenerse a uno mismo
Mientras se desinfla
Lo de adentro
Mientras se desinfla
Lo de adentro
¿Me visitan unas líneas?
No se puede precisar
El sentido de ello
Se me van revelando unos perdidos fragmentos
De tiempo
Seguidos del humo amigo
Las uñas olvidadas
Masticadas
Los bordes en llamas
Y las letras
Arden dentro de mi sueño
Arden dentro de mi sueño
Entro. Pulsa el cielo en la palma de mi mano.
Escribo.
viernes, 9 de marzo de 2012
Luzderama
El morir de las ramas, el aleteo roto de un pájaro cuando se acerca, la muerte del aguacero creciendo en tu garganta.
La luz te obliga a bajar la cabeza.
Las cosas no están en su sitio, pero. Los justos, los cansados, los felices, los que traen la risa amarrada al grito, entran.
Miro mis esquinas.
El martes llega con una delicadeza que me parte el alma. Ya no pregunto tantas cosas. Ya no me deslizo, frágil y violenta, por el borde de tu estatua. Los días y los trabajos. Los días y los trabajos repito como queriendo avanzar un milagro. Todo trabaja. Las hojas y el viento, el río y la tierra, la sombra y la palabra, tus hombros y el sol.
Claridad de desierto moliendo pupilas en la hora más triste del día. No pasa nada, y sin embargo. Todo se borra, todo se empequeñece, todo se muere un poco. Brillan tus ojos como el miedo, cargando una alegría desalmada. El paisaje se puebla de vacíos pequeños en donde todos echamos un poco de odio. La maledicencia se trasnocha en la frente de un niño. La culpa no es huérfana. La culpa es siempre de lo que va naciendo.
Siembras tu dolor
esfinge lenta
frente a la mañana.
Cae la noche antillana como un sombrero despiadado sobre mi casa en Atlanta. Cae la noche antillana debajo de este cielo en donde el viento, a veces, trae más viento. Cae la noche tropical en esta alcoba desde donde se ha visto nieve y remolino. Cae la noche sin pezuña, pero con alambre y con el recuerdo de lo que fue una montaña.
La mañana ya no adorna nada. Sales con el viento y la mirada plana: te buscas, ¿desolado? en la sordera de ese aire cojo que respira lluvia de ventana.
martes, 29 de noviembre de 2011
Trasfretana
el aullido del tren pasa
cerca de la noche
cerca de mis dos manos
pájaro cerrado en el crepúsculo
en la fatiga del crepúsculo
no hay aguacero
pero ese grito te lleva
al mismo sitio
donde la lluvia se te olvida
puntería frágil
tus ojos violentos
el peso de la tarde
mis ojeras borrosas
dos puntos graves
"la nieve ya no existe"
Los hombres antiguos toman nota cuando la mañana se desliza debajo de una puerta mal cerrada.
Los hombres antiguos y sus libros, perfectos y vacíos.
una línea blanca
sobre una sombra seca
eso es el exilio
"se viene un aguacero"
¿todo empieza en tren?
¿todo acaba en punto de ceniza?
con fatiga y con crepúsculo
cerca de la noche
cerca de mis dos manos
pájaro cerrado en el crepúsculo
en la fatiga del crepúsculo
no hay aguacero
pero ese grito te lleva
al mismo sitio
donde la lluvia se te olvida
puntería frágil
tus ojos violentos
el peso de la tarde
mis ojeras borrosas
dos puntos graves
"la nieve ya no existe"
el tiempo como un asma
ave de paso
Los hombres antiguos toman nota cuando la mañana se desliza debajo de una puerta mal cerrada.
Los hombres antiguos y sus libros, perfectos y vacíos.
una línea blanca
sobre una sombra seca
eso es el exilio
porque todo empieza en tren o en círculo violento
"se viene un aguacero"
¿todo empieza en tren?
¿todo acaba en punto de ceniza?
con fatiga y con crepúsculo
con frío
y con arruga
sábado, 12 de noviembre de 2011
la noche: piezas
los pasos metidos dentro de la noche/anoche/ cualquiera/ pasos ¿invisibles?/ pariendo flores blancas/debajo de la noche/ las horas del sueño se rompen/ los caminos, los de siempre, se agitan/ los pasos ahora/ arrastrando orillas/doblada tu mano en mi mano/ el árbol ensordece/ las hojas/ vivas/las hojas/ ahora en el suelo/ acostadas/ ahora las hojas/ más vivas que cuando/ aguantadas con miedo, y con ira/ sonríen/ adentro está la prisa/ afuera el frío/ ella corre/ afuera/ella/ el viento/ los niños con miedo/ mirando por la ventana/ la noche abierta/ la luna cerrada/ lo que brilla otra vez/ de espalda/ avanza el viento/ arrasa con todo/ pálpito/ desgarre colectivo/ nadie sabe lo que sé/ nadie/ escondidos todos/ debajo de las sábanas/ por qué/porque/ la noche/ las manos pequeñas/ sentadas en la otra orilla/ el juicio, tus ojos/ el papel, mis lápices/ robado el sueño/ sentada en la mesa/ delante del café/ el día sigue/ arrastra la noche/se arrastra/ ella/ aúlla/ ella/ que no es tarde/ no/ aquí nunca es tarde/ aquí siempre es temprano/ debajo del ruido/ tu voz en el balcón/ el gato que ya no existe se acurruca en mi falda/ humo/ ¿humo?/ tus dedos iluminados con esa llamita que se apaga/ balcón deshabitado/ ahora desolado/ hojas, palos, luces, la sombra enorme de un pájaro que no se deja ver/ la hojas, las ramas, el día oscuro abierto/ así/ de par/
en par/
la mañana.
domingo, 6 de noviembre de 2011
es esa pena que uno va recogiendo en la calle, cuando ya es de noche, muy de noche, y no es el fin de semana, y todo es una penumbra de árboles apagados, y a lo lejos el reflejo de los televisores encendidos en esas casas que no son tu casa, pero que tú puedes ver, y que te devuelven a la sala de lo que un día fue tu casa, la casa, la única, te sacude. descubres que la soledad es eso: un televisor encendido a lo lejos visto, o ignorado, por otros que no son tú.
pero qué lejanía, y qué nostalgia tan fabricada esta de los televisores encendidos a lo lejos, y de las sombras de ellos, y de sus supuestas voces rodeando esa imagen que atraviesa árboles oscuros para llegar a ti, y decirte que ya no perteneces. que el universo te ha olvidado.
caminé sin prisa, con frío, las manos en los bolsillos. la bufanda y el viento. la llama del cigarillo no es como la llama que se sale de los televisores, pero uno se agarra de eso, y el camino comienza a enderezarse.
fueron 50 minutos de camino. las botas me rozaban las rodillas. hubo más televisores, pero yo ya no les dediqué, ni mi tiempo, ni mi pena.
pero qué lejanía, y qué nostalgia tan fabricada esta de los televisores encendidos a lo lejos, y de las sombras de ellos, y de sus supuestas voces rodeando esa imagen que atraviesa árboles oscuros para llegar a ti, y decirte que ya no perteneces. que el universo te ha olvidado.
caminé sin prisa, con frío, las manos en los bolsillos. la bufanda y el viento. la llama del cigarillo no es como la llama que se sale de los televisores, pero uno se agarra de eso, y el camino comienza a enderezarse.
fueron 50 minutos de camino. las botas me rozaban las rodillas. hubo más televisores, pero yo ya no les dediqué, ni mi tiempo, ni mi pena.
lunes, 31 de octubre de 2011
sálvame, te dije, y apuraste el paso para el otro lado, esta vez miraste para el otro lado, tipo, qué cojones, para el otro lado, donde esa esquina tan íntima, tan tuya y tan mía, que se va quedando vacía, marchita como en flor la camisa desolada desde el balcón mirando con frío, te busca, me aleja, el angustiado puño que se cierra sobre la mesa, cifra antigua de besos y palabras ¿dónde? es que ya nada es como antes te digo y me sale la frase como un rasguño, como una alarma, tú te quedas, tan de piedra, tan de hueso y de ceniza, porque piensas - sé que piensas- que las cosas nunca fueron como antes y puede que tengas razón, siempre, carajo, termino dándote la razón aunque me quede bailando en un sólo pie condenada a un equilibrio tan precario, y te pido, ya cayéndome, ya casi casi en el piso, que no te pares, que no me dejes, que te agarres del ruedo de mi falda, te lo repito callada mientras nublo los ojos, los dos ojos, te lo digo, tú lo sabes, me recibes como un golpe hueco, como un viento herido, como un susurro deshabitado, como un alarido enfermo, bueno tú ya sabes, te lo digo, coño, no me desanimes con esa sombra tuya, tan tuya, que se lo va comiendo todo.
a estas alturas...
si buscas bien, debajo de mi frente hay un sol. si lo buscas tú, amor de pena, amor que tanto dueles, verás que no te miento. un sol. un incendio debajo de mi frente. y esto es el amor. y esto eres tú. y esto, si tú quieres, si tú, amor violento y despiadado, caricia que se cansa, que se extingue ya de tanto repetirse, seré yo.
en el invierno la luz se rompe temprano.
en el invierno las cosas, las hojas, las semillas, mis dos manos, se rompen un poco más temprano.
yo quiero que te quedes.
"yo quiero que te quedes."
lunes, 10 de octubre de 2011
Huérfanos
Sentados en el balcón. El día nos traspasa con una prisa que no entendemos. Es cierto que hoy somos más mortales que de costumbre. Es cierto que inhalamos y exhalamos, mientras vemos cómo se deshace esa nube enorme sobre nuestras cabezas.
Sentados en el balcón de tu casa. Un horizonte falso se acurruca en la soledad de los techos de las otras casas. Infinita desolación la de estos techos.
Afuera un niño llora. Afuera, los ruidos de un barrio extraño nos distraen de lo que comienza a perfilarse como una despedida. Insignificantes trazos los de tus dedos buscando mi espalda. Apocado intento el de mi cabeza buscando tu hombro. Pasmados los dos, con ese pasmo absurdo de los que no se han habituado a las mañas de un día cualquiera.
Parecía que algo se nos moría. Tardamos un poco en darnos cuenta de que no éramos nosotros. Era la calle que a esa hora olvidaba su alegría. Unas mujeres ponían sus sillas afuera. Iban todas, en extraña procesión, saludándose con los rostros cerrados y las manos cansadas. Yo sentí que todo el mundo tenía sed. Te lo dije y apareciste con un vaso de agua. No me lo tomé.
No sé qué sentí cuando vi que las palomas intentaban siestas en esos hilos negros que se atreven a cuadricular el cielo. Quizá era una pena, una pena infinita al ver esas palomas tan resignadas a su pequeña porción de soledad.
Un animal que se nos muere. Tu barrio y sus cáscaras. Un esbozo afiebrado. Los edificios y su corona de nubes. La casa del vecino cubierta por unos plásticos que hacen ruido cuando el viento arrecia. Me dijiste que te gustaba ese sonido seco, como de chiringa echada volar.
El niño de la vecina continuó con su llanto, y el libro de Andrés Caicedo nos hizo una mueca. Habíamos leído sus diarios en voz alta y estábamos francamente espantados con su carta a Patricia. Pobre Andrés, tratando de no morir, una última vez.
Dije que me tenía que ir y me fui. Bajé las escaleras sin sentir nada. Desde abajo escuché tu tarareo. Cantabas para ti. Siempre cantaste para ti. Detrás de mí el último rayo de sol se hizo flaco.
Uno casi siempre sabe qué día es el último día.
lunes, 12 de septiembre de 2011
están las voces hablando, sentadas en el sofá. hablan las voces de aquellos hombres. siempre de los hombres. y de la noche, de las blusas cortas, de los jeans bien ajustados.
los nombres y sus pequeñas tumbas, sembradas en la boca del estómago. las voces ríen, mientras yo insisto en un miedo antiguo. la ausencia del gato no se aguanta ya.
tengo que hacer algo.
otra vez es septiembre.
los nombres y sus pequeñas tumbas, sembradas en la boca del estómago. las voces ríen, mientras yo insisto en un miedo antiguo. la ausencia del gato no se aguanta ya.
tengo que hacer algo.
otra vez es septiembre.
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