martes, 25 de enero de 2011

Ganas

Qué ganas de cansarme. Qué ganas de acostar los soles. Y de escupir pedacitos de viento. Qué ganas de tormenta. Qué ganas tengo de tener sed. Y de que nadie me de agua. Qué ganas de beber como si hubiera llovido el tiempo. Y ya nada apaciguara nada. De nada. Qué ganas de perder. Que ganas de que la sombra se llene de cuerpos. Y de que los cuerpos duerman sobre otra sombra. Qué ganas de decirte una cosa. En voz muy baja. Qué ganas tengo de que no escuches lo que digo.

Que bello cuando mi murmullo se pierde y no hay nadie y no hay nada, y no hay, punto, no hay un haber de la palabra. Qué tierno lo que no llega, lo que no se cumple, lo que no se pudo. Qué delicado este proyecto inacabado de la ruina por donde siempre aparecen unas manos como antiguas. Buscando florecitas, buscando, como Lorenzo, unos cristalitos rosados por donde mirar la ciudad.

Afrenta. Un desierto. La fiebre es siempre amarilla. A veces, ya nunca me da sed.

Qué miedo no sentir más miedo.

3 comentarios:

Blanco White dijo...

Chulo. Preciso. Los segmentos finales bien bravos. Te cuidas.

Oscar Bulenda dijo...

Oye, lo que escribiste el martes esta durísimo. Tienes la hada cibernética trepada en el hombro. Amárrale patita.

ingrid dijo...

Qué tierno lo que no llega, lo que no se cumple, lo que no se pudo... Y qué ganas de beberme las ruinas. Mis ruinas de lo que pudo haber sido... Está precioso eso.