sábado, 23 de junio de 2012

email para Lorenzo.

Me preguntas que cómo se prepara uno para la muerte. Preguntando, acaso. Puede que, mientras exista esa pregunta formulada como un "horror objetivado", como dices, esté todo bien. Aunque esté todo mal. Desplegar un horror objetivado es lo que has hecho toda tu vida. Desplegar el horror de adentro. La palabra horror parece gris. Me gustó lo que te dijo Arcos en su carta: esa imagen suya caminando con los perros hacia la noche, hacia la nada oscura de un pueblo antiguo, olvidado de España. Me recordó a mi noche (mis noches que ahora son solo una noche larga, estirada) en el campo en donde crecí, con esos perros siempre ladrando a lo lejos. Perros que uno no veía, pero que estaban, en fiesta de aullidos y desquiciados ladridos. Yo extraño esos perros. Sus ladridos eran tranquilizares, aunque ahora, visto desde lejos, el recuerdo los deforma para darle paso a un miedo que quizá siempre estuvo ahí, pero que yo no podía ver. La última conversación importante que tuve con mi madre fue dentro de la noche, paseando a las dos perras que le hacen compañía. Recuerdo la noche en su pico más negro. La noche cuando ha llegado a ese punto en el que se esconde dentro de otra noche, esa otra noche que es invisible para nosotros. Las dos sabíamos que estábamos metidas dentro de la noche. He descubierto que cada vez que mi madre celebra un paisaje, se trata de esos paisajes que a aveces resultan demasiado pesados para los extranjeros, y yo allí sé que soy extranjera, y también sé que la noche no puede cerrarse de la misma manera sobre mi cabeza. Mi madre, ¿lo sabe? ¿Es eso el exilio Lorenzo? Hubo luna y hubo estrellas. No sé por qué pensé en Lorca, pero recuerdo haber pensado en Lorca. No recuerdo nada de la conversación con mi madre.

Sigo esperando tus sueños.
Un abrazo,
Margarita

viernes, 22 de junio de 2012

la rutina de casi todas las mañanas: picos violentos, alarido hinchado de viento meciendo los silencios de los árboles. el ladrido de un perro desorganiza el gran viaje del cuarto a la cocina. a veces lo espectral se hunde en la superficie de las cosas y entonces todo es más real. lo que no se ve aparece recortado delicadamente, cuidadosamente, debajo de mi falda. estoy pensando en ella. en sus ojos que se rompen, en su voz de piel de arruga.
el hombre se fue, pero antes dejó papeles, dejó palabras, dejó notas debajo de las notas, dejó márgenes, esquinas, gatos asustados, dejó frases incompletas, dejó líneas peligrosas.
ermitaño es el tiempo y todos vivimos en él. amargo es el tiempo y todos bebemos de él. la risa se seca detrás de una pared. el llanto atraviesa el reguero de cosas invisibles que se agarran de la piel, que hacen mella en el verbo, en el cansancio, en el querer.


miércoles, 20 de junio de 2012

Puede que todo este aburrimiento sea la anticipación de algo brutal. Como de una palabra. De una frase súbita que me arranque de los días. Una frase que me devuelva, ¿intacta?, a la zona invisible de un paisaje. Para decir cosas que no son. Para decirte todo lo que no es. Para encogerme de hombros mientras veo a las chicas pasar, mientras las veo subir, bajar, decir adiós con un gesto natural.


camuflaje

el desorden y la mesa. los papeles y las notas al margen de los papeles, las flores amarillas contra lo blanco forzando un contraste necesario. hoy vi a un soldado vestido de soldado: hojas, camuflaje de hojas, de ramitas, de piedras. un soldado doblado como un arco, un soldado como una pregunta, buscando el punto exacto desde donde retratar una flor que se alzaba en medio de una nada improvisada. todo en él se parecía a la bondad. su sonrisa de niño, sus manos grandes apuntando a lo bello que se alzaba como un fuego.
hoy, al ver a un soldado vestido de hojas, piedras, y ramas, buscando con extraño esmero un punto amarillo en medio de la pretendida nada, sentí que todo era mentira. sentí que el odio no existía, que tu camino me encontraría, que la llamada aquella nunca fue, que ningún niño se moría. no sé. sentí tu voz como lo único que hubo un día cuando tuve sed.
hay amores que duelen en la piel. hay otros que duelen más.
pero ¿qué habrá visto aquel soldado vestido de soldado? ¿qué dolor de pétalo indagó una mañana, frente al espejo de lo amarillo que a todos nos castiga?
el ruido de un avión que despega nos sume en la sordera esa en donde sólo cabe una fotografía. una idea leve, un querer a medias. la voz que un día fue tu voz, rematada en el vacío de la frase que no está. la frase que se esconde debajo de un ruido de avión.
cuando despega el vuelo la razón, queda poco, queda tanto por borrar.

partir el pan

las palabras caen sobre la ensalada. sus manos, las manos de ella, lloran sobre el pan. su risa sigue siendo igual. hay cosas que no cambian y sin embargo. el aire se tensa. el humo vuelve a llenarme toda. a veces la alegría pasa cuando el día se pone triste. cuando las hojas tiemblan y su risa, la misma risa, se suspende en otro tiempo. y vuelve todo aquello. el viento, la frente como vacía, el error aquél, la puerta cerrándose sobre tu rostro infiel. uno no sabe en dónde meterse hasta que escampen las voces, las miradas, el escándalo, la ternura arrebatada, el incendio en sus pupilas, el insomnio compartido, la tos y el miedo de la noche agarrándote los pies.
la pregunta sobre la eternidad se ha quedado sin contestar. parece que nos duele en los oídos. parece que duele no querer pensar.
nada ha cambiado y sin embargo. el hambre que sentiste un día regresa intacto. y tus manos, tus dos manos, sembrando pedacitos de muerte, sembrando el dolor sobre la ensalada que me preparas con tanto amor.
hay, siempre, que partir el pan, mientras nos miramos, llenos de silencio, llenos de bondad. 
como, bebo, duermo. todos los días se parecen. y sin embargo. 


martes, 5 de junio de 2012

A Lorenzo García Vega, in memorioum

"Ese ángel/ ése que niega el limbo de su fotografía/ y hace pájaro muerto/ su mano/ Ese ángel que teme que le pidan las alas/ que le besen el pico/ seriamente/ sin contrato/ Si es del cielo y tan tonto/ ¿por qué en la tierra? Dime/ Decidme/ No en las calles, en todo/ indiferente, necio/ me lo encuentro/ ¡El ángel tonto!/ ¡Si será de la tierra!/ -Sí, de la tierra sólo."         
                                                                                               Rafael Alberti, El ángel tonto



Foto de Pedro Portal
 
 
¿Puede alguien
a esta hora
escuchar el llanto seco
de un papagayo
de plástico?
¿Habrá alguien
que entienda
la tierna violencia
de su canto cerrado,
de su vuelo prohibido,
de su aleteo inútil?
Fiesta de colores,
danza de la muerte
que se hiela, que se guarda
como una vergüenza, o
como una culpa
en el rincón más remoto
de la casa.

Pero dime, decidme, ¿habrá
alguien que se atreva
a ignorar el gimoteo
de un carrito de supermercado?
¿Habrá quien pueda
no amar su angustia de metal
echada a rodar?
¿Quién desarmará ahora la mañana?
¿Quién dirá que No
cuando todos digan Sí?
¿Quién perderá el sueño
para poder soñar?
¿Quién, digo, quién interrumpirá la noche
para dar fe de todo lo que ya no cree?
¿Quién consolará al dolor
de su dolor? ¿Quién morirá
de muerte lenta y natural
por lo bello que se esconde
de nosotros, en nosotros?
El color, ¿de quién se enamorará?
¿Con quién se desahogará el refrigerador?
¿Qué será de todas estas cosas
que se han quedado huérfanas,
enfermas de realidad,
adictas al sin sentido de tu idea,
a la frágil muerte que inventaste
para que vivieran?

“Lorenzo al agua”, te gritan ellas
tendiéndote una trampa,
fingiendo plagios y bautismos
a deshoras,
agarradas de tu palabra:
cristal que se desdobla,
espada que regresa para sanar
una herida que no existe,
una herida que se hereda
como un regalo maldito, o
como una deuda
provisoria.

Ya todo está listo para la cajita:
1. El papagayo y su fe de hierro (plastificada)
2. La estatua del ángel que tanto quisiste ver
sembrada en tu patio, orinando sin piedad
la noche en la que ya no te acuestas
3. La locomotora cargada de tesoros sucios
4. El cristal rosado por donde un día
miraste la ciudad

5. El año: 1936
6. Una frase y un Maestro

7. El rostro de papel de una niña de cristal,
atrapada para siempre al otro lado del mar;
8. La tierra fea y colorada de tu Jagüey Pequeño;
9. La colchoneta que un día fijó su vista en ti
10. Su risa, la risa de ella, obstinadamente joven,
sustento de tu pobre, riquísima existencia.



 
El mediodía se fatiga
juntando tus pedazos. Buscando
con los ojos cerrados
un consuelo extraño.


que anotaste hasta la fiebre
del aire que respiras,
dime,
¿cómo te borrarás
de todas estas cosas?

Foto de Pedro Portal
Dime, logar8, tú que siempre fuiste
tan torpe para la vida,
¿cómo sobrevivirás ahora?











                                                                                                            

lunes, 14 de mayo de 2012

des amanece

partitura del sol
amarillo
o amparo de lo verde
lo azul rebotado
en lo azul
hervidero de un destierro
primero.




domingo, 13 de mayo de 2012


estalla en mi pecho
el canto roto de un ave
rota.
los gritos de ellos
se descosen afuera
bajo la inútil sordera de la luna.



la luna dando alaridos
celestes
rebotando plata sobre hierba
mojada
la noche afilada de luz
ceniza de centella
arde como el siglo
que se inmola
debajo de mi pecho
promesa de un futuro
austero
vientre estremecido
por la nada iluminada
en la Nada
melodía frágil
dibujando lo invisible
que se ancla
en la piel de tu mirada.