lunes, 31 de enero de 2011

"Abstract poems", un pato

Círculos de agua bajando los dedos. En el fondo hay patos asesinos. Mi sombra estrujada, esperándote. "Cuack, cuack" dice el hombre queriendo ser pato.
"El agua no es agua, el agua, espejo revolcado, enamorado de ti", dice el pato, queriendo ser hombre.
Cuánta iniquidad puede caber en este lago.

Abstraer la mirada. ¿Qué quieres? ¿Que ordene los paisajes?, dijo Lorca un día, cuando estaba en Nueva York. Lorca, tan alucinado, habló también de los patos urbanos: "Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato."

Yo tampoco puedo ordenar este paisaje y menos ahora que el agua traga cuerpos, y que los dedos rotos le temen a tu círculo, y que las plumas escupen pedacitos de piel.

Los hombres han huido de sus barcos.
Hay sirenas, tantas, ahogadas en la orilla.

Los patos asesinos planifican poemas atroces para revivirlas.
Yo temo por la cola de las sirenas. Ese ha sido un miedo constante en mi vida. Y ahora, con estos patos queriendo ser hombres...

Este poema se quiere salir de su cauce. Qué le vamos hacer. Es un poema abstracto. Ya ves.

domingo, 30 de enero de 2011

"Abstract ducks", un poema.

video

Para los días en los que se acaban las palabras. Este es mi primer iphone avant-garde film. La música es de Mr. Fixit, from The Lazy Susan (experimental hip-hop).

martes, 25 de enero de 2011

Ganas

Qué ganas de cansarme. Qué ganas de acostar los soles. Y de escupir pedacitos de viento. Qué ganas de tormenta. Qué ganas tengo de tener sed. Y de que nadie me de agua. Qué ganas de beber como si hubiera llovido el tiempo. Y ya nada apaciguara nada. De nada. Qué ganas de perder. Que ganas de que la sombra se llene de cuerpos. Y de que los cuerpos duerman sobre otra sombra. Qué ganas de decirte una cosa. En voz muy baja. Qué ganas tengo de que no escuches lo que digo.

Que bello cuando mi murmullo se pierde y no hay nadie y no hay nada, y no hay, punto, no hay un haber de la palabra. Qué tierno lo que no llega, lo que no se cumple, lo que no se pudo. Qué delicado este proyecto inacabado de la ruina por donde siempre aparecen unas manos como antiguas. Buscando florecitas, buscando, como Lorenzo, unos cristalitos rosados por donde mirar la ciudad.

Afrenta. Un desierto. La fiebre es siempre amarilla. A veces, ya nunca me da sed.

Qué miedo no sentir más miedo.

sábado, 22 de enero de 2011

pobre

nieve y ceniza, hoy, pareciéndose. buscándose, casi. sigo sin aprender a que me salgan ciertas cosas. ya no planifico casi nada. me pregunto si será tristeza y nada más. me pregunto, también, si la tristeza es de origen biológico, o si me la contagió el árbol llorón que está frente a la ventana. me pregunto y no me respondo.
sacar la cabeza, respirar ese aire frío, ahora, podría resultar benéfico. pero me quedo sentada, detrás de un escritorio ocupado por tantos papelitos que a veces, te juro, dan como ganas de llorar.
quise hacer algo memorable, algo bello, poético. saqué el cenizero y dejé que la nieve nevara sobre él. olvidé la nieve, soñé con la ceniza y a mi regreso, los papelitos se habían hermanado en llanto. se me olvida que la nieve es agua lastimada.
ahora sólo quiero servir de contraste para tan triste escena.
ayer compré botas. corrijo: ayer me compraron unas botas. regalo atrasado de cumpleaños. me las puse y me dieron ganas de bailar. me sentí mejor, aunque no bailé. a veces basta con tener ganas de algo.
ando bastante mal de dinero, pero las botas son tan lindas. y él me dijo que me las merecía. yo le creí.

viernes, 21 de enero de 2011

75 minutos

un pequeño acto de rebeldía. no escribí en el blog hoy. ya no es hoy. es casi mañana, aunque haya mucha gente que no lo sabe. no, todavía no. ¿es amigo el tiempo? todos dicen que no, pero yo lo amigo aquí. ahora. y digo ahora como si pudiera tocar este pedazo de tiempo que se hace tronco de árbol sólo porque yo lo quise escribir. ¿te das cuenta? el tiempo sólo es tiempo si le inventamos otros pequeños tiempos que compitan con él. palabras.
una maldad, leve, tranquila, como de juguete.
porque hoy no es exactamente hoy, y ayer ya fue. "un friendly reminder", y un recuerdo de verano. lo amarillo y lo azul, devorándose. ¿y hoy? ya lo sabes, hoy no es nada.

miércoles, 19 de enero de 2011

Enero 19, por la noche

Rasca la noche en mis dedos pequeñas resolanas. Dice Ana que hoy hace mucho frío. Yo le dije que no, que no era para tanto. Ella me miró, muy madura, sabiendo que lo que quería era contradecirla. Me cedió la batalla. Yo dije que había salido y que me parecía buena la noche. Qué insistencia tan poco productiva la mía.
En la cocina suena el arroz. Hoy se comió bien. La muchacha del pelo largo, y el novio de la espalda ancha.
Qué lejana se ha vuelto la gente. Llegan escoltados por un silencio extraño, y se quedan, como colgados de las esquinas de tu casa (!de tu propia casa!), mirándote impasivos, con ganas de no tenerte ganas.
No, él todavía no me habla.
Qué ceniciento el deseo de estos días.
Mael vino a visitar. Palabra sobre palabra. Sus manos y las palabras. Jugando al gato y al ratón. "No sé si me expreso bien", dijo con poca fe, creyendo que no dice nada, ablandando sus hombros en la butaca que nunca uso porque es la butaca de la visita. Y aquí siempre hay visita.
Lo admito. Esta noche hace mucho frío. Espero que Ana no lea el blog.

martes, 18 de enero de 2011

Molinos de huesos blancos veo girar

Me he propuesto escribir en el blog todos los días. Pero no sé. No me gusta la presión. ¿Por qué me lo propuse? Quizá para imaginar algo que todavía nadie ha imaginado. Es posible. Cómo me rejode la gente que habla de la originalidad como un bien perdido. ¡Un bien perdido! Como si alguna vez lo original hubiera sido un bien adquirido. Todo es un origen, todo, siempre, pariéndose y bifurcándose tan originariamente, tan originalmente. Inmanente a todo ruido, a toda sombra de ruido. Lo que calla, calla siempre por primera vez.

Y uno espera, digo yo que uno espera, a veces con paciencia, a veces con furor de uñas, a veces agarrados de una tremenda inconciencia, a que pase algo. Uno espera que algo se transforme. Que la palabra que es rasguño y que no logra decir nada, diga.

Escribir estos días es un milagro.

Esa canción y los molinos, otra vez. No puede ser.

domingo, 16 de enero de 2011

30 años

Hoy cumplo 30 años. Afuera el hielo sigue dando la batalla. El sol quiere derretirlo. 30 años: sentí que debía escribir algo, pero la verdad es que no sé. Qué decir, por qué decirlo.

Esta mañana me desperté más temprano que de costumbre. Estaba cansada, pero sentía la obligación de dejar la cama. Puede que quisera celebrarme, desde temprano, en esta casa casi vacía, en donde el silencio se deja quemar por los dibujos que hace el sol en la pered de la sala.

Hoy cumplo 30 años, y es como si no pasara nada.

sábado, 15 de enero de 2011

todo el fuego

no se sabe bien, pero estos días, parece que todo está hecho de fuego. y un gran muro blanco fente a la ventana dice que no. porque la nieve arrecia. porque el sol sólo sale para derretir el hielo. pero por las noches, en mis sueños, es el fuego. comiéndoselo todo, arañando hasta las uñas de los gatos más oscuros. montañas en llamas, y un cansancio viejo. yo, pequeña y flaca, temblando los ojos rojos. y todo tan antiguo, todo, como en sephia. fuego adentro. la imagen afiebrada mojando la almohada. todo lo que leo, en las noticias, o en mis libros, me remite al fuego. no sé cómo no me acabo de quemar.

lunes, 3 de enero de 2011

Flor o el fuego. Homenaje a Jim y a Bolaño.


"Se llamaba Jim." Así comenzababa, creo, un cuento de Bolaño. Jim mirando el fuego. Jim, tragando palabras como quien traga pedazos de fuego. Malabaristas. Bolaño narrando a Jim, volviéndolo liviano y contundente, amarrándolo a sus palabras y al gesto triste de sus manos buscando bolsillos.

Y es que, mirando a Flor el otro día, después de tanto tiempo, pude entender un poco el fuego, o la ilusión del fuego que obsesionaba a Jim. No sé muy bien cómo se fueron atando estos cabos. Quizá aquellas luces de navidad rebotando en su carita de niña como en medio del desierto, me devolvieron al relato. Jim en la ciudad de México, sobreviviendo a la terrible belleza de un fuego que sabe ser amaestrado, y Bolaño, acostado bocarriba en una playa cualquiera incendiado por mil demonios, todos afiebrados. Y Flor, mi Flor de siempre, mi Flor que es sirena, y que es la risa, y que son las canciones de dos niñas saltando al vacío en una noche de verano que se repite más que todas las islas juntas, no sabe de Jim, ni sabe de Bolaño. Y tampoco sabes, Flor Celeste, que yo escribo estas líneas para ti, aunque no quieras amarras, ni reales ni virtuales, aunque te niegues rotundamente a hurgar en este universo de blogs, de emails, de facebooks, y de todas esas cosas que no saben sacudirte el polvo de los pies.

Flor no contempla el fuego, pero el fuego la persigue, y le va dejando una estela de ceniza en la piel. No, Flor no mira el fuego, pero cada vez que yo la miro a ella, algo adentro se quiere quemar. Y sigue pasando el tiempo, y siguen pasando los días en donde no cabemos juntas, y seguimos riéndonos de fuegos pasados, buscando quemaduras viejas, encontrando soledades, extrañandonos tanto.

Pero Flor y el fuego. Su pelo largo contando secretos, su boca pequeña acunando palabras muy grandes, sus rodillas fuertes, a prueba de golpes, de arrecifes, de océanos, de balas.

Y te sigo en el recuerdo mi Flor, colocando espejos en el fondo de una piscina para ver cómo nadaban las sirenas. Saltando de espaldas, cayéndote de lado, tirándote de cabeza, tan llena de barrancos, resbalando a propósito, violentando el vacío con tu risa, consumiéndote en ese fuego tan tuyo que no quema.

Porque Jim y el fuego: espalda encorvada reposando silencios. Porque Bolaño y el fuego: quemaduras a destiempo. Porque Flor y el fuego: desapareciendo lentos, en su marcha de cristales rotos, prendiendo un cigarro a lo lejos, murmurando sanidades, apagando, a veces, todos mis incendios.